Los musulmanes aportaron la técnica oriental – conocida en Armenia desde el del siglo VII a. De C. Denominada “qanats” para aprovechar las aguas subterráneas como fuente de abastecimiento. Esta técnica ha sido utilizada por Madrid, Marrakech y Teheran durante siglos, en Madrid hasta la inauguración del Canal de Isabel II en 1858, las otras dos ciudades hasta 1930 (1).

Los viajes de agua que se pusieron en marcha en la época musulmana tenían como cometido suministrar agua a la población. Utilizaron una técnica conocida desde el siglo VII a. de Cristo, que consistía en aprovechar el agua subterránea. Este sistema se ha utilizado en Madrid, Marrakech y Teheran durante siglos, en Madrid concretamente hasta la inauguración del Canal de Isabel II en 1858, y en Marrakech y Teheran hasta 1930.

El sistema consistía en una serie de galerías de entre 7 y 12 km de largo por las que discurría el agua, las galerías se diseñaron de forma que las personas de mantenimiento pudieran realizar arreglos y operaciones de limpieza. En el centro de la galería discurría una cañería que transportaba el agua hasta las fuentes públicas, casa privadas, huertas y jardines.

Lo primero era localizar los manantiales y analizar la calidad del agua y su potabilidad, después se  excavaban pozos unidos entre sí por minas o galerías subterráneas que a su vez drenaban el agua hasta la ciudad por gravedad. Los pozos estaban cubiertos por una losa de piedra “ capirotes” con un orificio de aireación para el agua, alguno de estos capirotes del antiguo Viaje de Amaniel pueden verse en el parque de la Dehesa de Villa, miden aproximadamente algo más de 70 cm de alto y 80 de lado.

La captación de las aguas se hacía en la zona noreste de la ciudad a unos 10 Km, en los antiguos términos municipales de Fuencarral, Chamartín, Canillas y Canillejas. Las minas se construían en declive e iban revestidas de ladrillos en arco de bóveda o en forma de “lomo de caballo” para permitir el filtrado a través de las paredes. Cada cien pasos se construía depósito denominado “arca” donde reposaba el agua y se hacía cristalina y otro llamado “cambija” para desviar el agua en ángulo recto. Cada uno de los ramales conducía a una fuente. La Cruz de puerta Cerrada es un adorno de un arca de agua que constituye su pedestal (según Fernández de los Ríos).

Los accesos a las minas estaban cerrados con rejas o puertas y las llaves de acceso las guardaba el maestro fontanero encargado de cada viaje. Los caños para conducir el agua eran de barro cocido sin vidriar para preservar el sabor del agua. Según su grosor tenían distintos nombres, los de mayor círculo se llamaban caños de nueve porque tenían nueve dedos de diámetro, los había de seis de cinco y los conocidos como “naranjeros”, los limoneros apenas tenían uso por su pequeño grosor.

Las agua podían ser dulces: Viajes de Alcubilla, Alto Abroñigal, Bajo Abroñigal, Fuente Castellana, Retamar, Alto del Retiro, Bajo del Retiro, San Dámaso, Pascuazas, Fuente de la Salud, Caños Viejos, Rey, Conde de Salinas, Merques y Casa de Vacas. Los viajes de aguas gordas mayoritariamente pertenecían a particulares que a su vez vendían el agua : Prado de San Jerónimo, Prado Nuevo, Caños de Leganitos, Caños del Peral, Fuente del Berro, Pajaritos, Reina, Atocha, Harinas, Gremios, Hospital, Conchas, Neptuno, Calle Toledo, el agua gorda más famosa es la de Fuente del Berro.

Los derrumbamientos debidos a los accesos no autorizados para robar el agua, las raíces de las plantas de los jardines y la fácil accesibilidad provocaban numerosas enfermedades.

Antes de la construcción del Canal de Isabel II en 1858 había en Madrid 30 viajes de agua, pero el alto número de habitantes los hacían insuficientes.

Fuente: “ Los Viajes de Agua de Madrid” Mª Isabel Gea Ortigas Ed. La Libreria

P.Núñez