En el mundo de la psicología, se diferencian dos conjuntos de síntomas imprescindibles para el diagnóstico del TDAH, la falta de atención por un lado, y la hiperactividad-impulsividad por otro.

El primero de estos síntomas, que comprende problemas relacionados con dicha falta de atención, se manifiesta en los sujetos de distintas formas: no prestan atención a los detalles, cometen errores por descuido, parecen no escuchar cuando se les habla directamente, no siguen las instrucciones, se distraen fácilmente, etc.

El segundo abarca la hiperactividad, donde se aprecia que estos niños, en determinadas ocasiones, cuando su nivel de actividad debería ser bajo, ellos se muestran excesivamente activos, es decir, tienen un alto nivel de actividad (que puede ser tanto mental como motora) en situaciones que requieren unas pautas de comportamiento distintas. La impulsividad tiene que ver con responder antes de haber sido completada la pregunta, o hacerlo cuando no es su turno.

Todos estos síntomas comportamentales empeoran en situaciones que exigen atención o esfuerzo mental sostenido, en las que carecen de atractivo, novedad, o en situaciones de grupo. Por el contrario pueden atenuarse en situaciones de estricto control, novedosas o gratificantes y en relaciones personales de uno a uno.

Siguiendo la línea de los criterios del DSM-IV-TR, para poder diagnosticar el trastorno tienen que estar presentes el primer conjunto de síntomas, el segundo, o ambos, durante 6 meses con una intensidad desadaptativa e incoherente en relación con el nivel de desarrollo.

Los síntomas deben presentarse en dos o más ambientes, antes de los siete años de edad y causar un deterioro clínicamente significativo de la actividad social y académica del niño. Sin embargo, sea cual sea el predomino de los síntomas antes mencionados, el manual diagnóstico DSM-IV-TR mantiene a todos ellos bajo un mismo nombre: Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Si bien es cierto, y en segundo lugar, la clasificación del TDAH puede hacerse en función de la predominancia antes mencionada, dando lugar a los tres subtipos: subtipo combinado, subtipo con predominio de déficit de atención, y subtipo con predomino hiperactivo –impulsivo.