La tradición siempre se ha inclinado en que sean las mujeres las que cuiden del hogar y de los niños, o al menos eso se pensaba, ya que cada vez son más los hombres que se hacen cargo de las labores de la casa y están concienciados de que este trabajo es cosa de dos. Uno de estos nuevos ‘amos de casa’ es José Poza, de 44 años.
En su familia, tanto José como su mujer, Soledad, trabajan, sin embargo, por compatibilidad de horarios, es él quien debe ocuparse de tareas como cocinar o cuidar de su hija Gabriela, de apenas 7 años. «Hay que tener en cuenta siempre tus horas libres, y si tienes más tiempo y puedes hacer más actividades en casa hay que hacerlas», afirma mientras prepara el desayuno de la pequeña.
«Es fundamental su ayuda» determina Soledad, quién en muchas ocasiones llega a altas horas de la noche de su trabajo, algo que su marido entiende aunque no esté del todo de acuerdo. «Me parece muy mal que las mujeres trabajen hasta altas horas de la noche, pero no porque sean mujeres, todos los que trabajan hasta tarde no tienen tiempo de disfrutar de su familia», explica. Por ello, para hacer más fácil los días en que esposa vuelve tarde, se hace cargo de estas tareas.
José es un ejemplo de los muchos maridos que tienen por esposas a mujeres trabajadoras, las cuales según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) han aumentado ya hasta convertirse en el 41,6% de la población femenina.
Tareas
En contra de lo que pueda parecer, José no entiende la colaboración en el hogar como algo pesado y tedioso, sino que se siente realizado con tareas como cocinar, la cual debe hacer durante toda semana, «me gusta mucho la cocina», comenta, «casi se podría decir que es mi hobby, aunque en el caso de que no me gustara lo haría igualmente».
También es el encargado de hacer la compra, algo que le atrae por estar íntimamente ligado a la cocina, «me encantaría salir todos los días a comprar ingredientes frescos, pero por la falta de tiempo y mi trabajo solo puedo hacerlo de cuando en cuando».
Además, se ocupa sobre todo de cuidar de su hija. «Ahora que es mayor es un poco más difícil, de pequeña era todo más sencillo, llegaba, le ponía su biberón, la cambiaba, la bañaba y se quedaba dormida», afirma mientras mira a Gabriela con cariño. «Ahora también lo seguimos haciendo, la baño, la preparo la cena, la ayudo a hacer los deberes, estudiar y luego por la noche en la cama leemos juntos un ratito antes de que se duerma».
Según dice, le gustaría tener más tiempo para poder dedicar a su familia e, incluso, a las propias obligaciones de la casa. «Sin duda salir a trabajar fuera es muy duro, además no es tan gratificante como ayudar a la familia en casa, si pudiera yo prefería hacer todas las tareas del hogar».
Cambio de mentalidad
En cambio, José confiesa que cree que es muy difícil que en todos los hogares sean marido y mujer los que colaboren en las obligaciones del hogar. «Es un problema de educación, yo no he sido educado para hacer tareas en casa, he vivido como muchos la etapa en que las madres no trabajan fuera y se enseñaba a los hombres a ser unos señoritos» explica, «Yo he sido educado así, a mi no me dejaban de pequeño hacer la cama o cocinar, pero hay que cambiar eso, ahora no me cabe en la cabeza estar sentado mientras hay que hacer tareas en casa».
Según su experiencia, considera que tiene que haber un cambio de mentaldiad verdadero para que pueda existir igualdad a la hora de repartirse el trabajo. «Hay que evolucionar, los hombres tenemos que dejar de querer que nos den las gracias por hacer las cosas de casa, ya que también son nuestra obligación, tenemos que ser iguales».
Al parecer, han conseguido inculcar esta idea a su pequeña, la cual, al oír hablar de padres que no colaboran en el hogar exclama: «Papás que no hacen nada en casa, ¿que raro no?».

 

fuente: abc.es