Tengo un pez en casa. Rayito. Es un precioso y vivaraz pez Beta. La cuestión de cómo he llegado a tenerlo, yo, que no quería tener que responsabilizarme de animales en casa, no viene a cuento. La cuestión es que lo compramos y ahora es uno más en la familia. Y lo es en todos los aspectos, incluido el de no hacerle demasiado caso, por no decir muy poco caso, algunos días. Sin querer. El tiempo vuela; eso es todo. Eso sí, le damos de comer sin falta cuando toca, cambiamos puntualmente el agua de su pecera…, pero ¿es suficiente? Sólo es un pez, ya lo sé, pero es todo un pez. Es un ser vivo. ¿No necesitará algo más, aunque sea un simple pez? No hay que preocuparse: estos peces son solitarios, dicen, y les gusta estar solos. Pero ¿tan solos? Cierto que así es como vivimos incluso nosotros: de prisa, sin tiempo… Intercambiamos cantidades ingentes de información diariamente -seguro que nunca ha sido tanta-, pero ¿hablamos? ¿O vivimos como Rayito?

Nos damos de comer unos a otros, sí, nos cambiamos el agua, y hasta conseguimos aletear un rato juntos en el espacio que nos dejan la velocidad y la intensidad del día, pero ¿qué sabemos realmente los unos de los otros, de lo que hay en lo profundo, dentro de cada uno? Las calles están llenas de Rayitos, y las cafeterías, y las casas, cada uno con su pecera a cuestas.

Información: toda la del mundo; comunicación: de escasa a deficiente, llegando a nula. ¿Por qué? ¿Por miedo a mostrarnos? ¿O porque en realidad no hay tanto que comunicar? Algo propio, quiero decir, no una mera repetición de lo escuchado, como si fuéramos loros de repetición, sin pasarlo siquiera ligeramente por nuestro propio tamiz. Móviles, internet, correo electrónico…, sobran los medios, pero tal vez precisamente debido a eso. ¡Hay demasiados reclamos, demasiadas cosas generando zumbidos a un tiempo!

“Oído” desde fuera, esto debe de parecerse mucho a un enjambre de ondas, frecuencias, mensajes cifrados, impulsos electrónicos, códigos… ¡Ruido y confusión mental! Los hindúes denominaron a esto maya, los toltecas mitote, y nosotros, los dueños de la civilización occidental, más que darle un nombre, ¡lo hemos elevado a la categoría de arte de vivir! ¡Enhorabuena a todos!
Compártese pecera con vistas al interior. Abstenerse Rayitos.