Lo imposible es posible, lo hemos visto no sólo en las películas –donde los hechos narrados podrían tildarse de fantasiosos-, sino en la vida real: en los periódicos, en los noticieros… incluso a veces, en nuestra propia experiencia, hemos convivido con alguien que ha llevado a cabo un verdadero imposible. Y por un instante se nos enciende la lucecita de que en nada diferimos de ese alguien, sólo que vuelve a apagarse porque al regresar a nosotros enseguida nos centramos en la imposibilidad en vez de hacerlo en la posibilidad, de modo que el asunto se queda en algo que, por suerte o por lo que sea, le ha ocurrido a otro.

Esto viene a colación por la película actualmente en cartel: Lo imposible, donde la lucha y la fe en el resultado positivo de esa lucha, convierte algo aparentemente imposible en posible. Como en la reciente Winter, el delfín, la historia real de un delfín sin cola abocado a la muerte, o la historia permanente de Dick Hoyt, el corredor de Iron-man (para quien no lo sepa: la prueba consiste en nadar 4 km en mar abierto, pedalear 180 km en bicicleta y, para terminar, correr los 42 km de una maratón completa), quien realiza la prueba en un tiempo increíble ¡llevando permanentemente a su hijo deficiente a cuestas!
Historias como estas y como tantas y tantas otras deberían ser de estudio obligatorio en los colegios y las escuelas.

Decir que algo es imposible es una simple construcción mental. De acuerdo: decir que algo es posible también lo es, pero ya que ambas afirmaciones no son más que meras construcciones mentales, ¿por qué no escoger la segunda en vez de la primera? Yo no digo que sea fácil, pero digo que conseguirlo empieza por creerlo y continúa por intentarlo, por convertir los demoledores “no puedo hacer esto” en poderosos y esperanzadores “¿cómo puedo hacerlo?”.

La vida es un puro intento, empezando por nuestras funciones más básicas e inconscientes: intentamos respirar, intentamos nutrirnos, intentamos recuperarnos mediante el descanso y el sueño… Como animales que somos intentamos sobrevivir. ¿Por qué habría de ser distinto nuestro aspecto emocional? De hecho no lo es: intentamos sentirnos satisfechos, intentamos que lo que hacemos tenga sentido, intentamos que nuestra vida sea plena… ¡Intentamos ser felices! ¿Dificultades? ¿Problemas? ¿Circunstancias en contra? De todo eso tuvieron los que hemos visto convertir un imposible en posible. ¿En qué son realmente distintos a nosotros?

No hay nada que perder, sólo que ganar. Pero no se obliga a nadie: allá cada uno.
Angel Lozano