¿Qué es la Realidad? ¿Existe realmente algo que podamos llamar así?  en cualquier caso: ¿es ésta una cuestión importante? Empezaron diciéndolo los sicólogos (aunque antes ya lo habían hecho otros, incluido algún que otro griego clásico), siguieron los sociólogos –recuérdese el impactante, ya un clásico, “La construcción social de la realidad”, de Peter L. Berger y Thomas Luckmann, que no fueron ni los primeros ni los únicos- y por si eso sonaba a pura elucubración mental, lo han confirmado los físicos, aunque estos también son grandes elucubradores: la Realidad es una construcción de la mente. Sí, y también han confirmado eso tan difícil de entender de que el todo está en la parte y la parte en el todo. Por ejemplo: si se va cortando por la mitad un holograma de una manzana en cada nueva mitad creada aparece siempre la manzana entera. En resumen: todo son construcciones mentales. Lo malo es que esa construcción no la realiza en realidad nuestro consciente, sino nuestro inconsciente. Por eso, para cambiarla, hay que cambiar nuestro inconsciente, lo cual no es tan sencillo. Aunque sí es posible; muchos lo han hecho. ¿Cómo? Actuando precisamente desde ese consciente; sólo hay que aprender cómo hacerlo.

Uno de los que lo han conseguido es el –entre otras cosas- bioquímico norteamericano Joe Dispenza –para quien lo dude y piense que es un charlatán, entérese primero de cómo lo dejó el accidente que sufrió y cómo está ahora el hombre-, que es la razón por la que hoy traigo este asunto a colación, pues hace unos días aparecía una entrevista con él en un periódico nacional, aparte de que el tema se las trae desde hace tiempo por las cosas de la tan controvertida y denostada, sea lo que sea realmente, Nueva Era.

¿Autoayuda ñoña? Yo no lo veo así. En tal caso, más bien física aguda. Léanse si no, por ejemplo, los estimulantes, fáciles de leer y absolutamente comprensibles además de entretenidos “El universo holográfico”, de Michael Talbot, “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”, de Deepak Chopra, o “Desarrolla tu cerebro”, del propio Joe Dispenza. No son charlatanes, son médicos, científicos… Y aún hay muchos otros libros, muchos más divulgadores, y contamos con internet… Toda la información que precisamos, todos los medios, están al alcance de unos cuantos “clic”. Sólo hay que separar, como en todo, el trigo de la paja.

Nos guste o no –aunque es más cómodo ignorarlo o negarlo, claro-, somos nosotros quienes construimos nuestra vida, nuestra Realidad, tanto desde nuestro ser individual como desde nuestra interconexión social –y que el mundo es el resultado de lo que somos, no otra cosa-, de modo que no hay que quejarse ni mirar tanto al otro, y menos echarle la culpa de todo.

Esa es la mala noticia. La buena es que podemos cambiar esa Realidad. Contamos con una gran ventaja además respecto a los que nos han precedido, y es que el mundo nunca ha estado tan alambicado. Cualquier cosa que hagamos puede tener repercusión al instante –para lo malo pero también para lo bueno- al otro lado del mundo. Cualquier mensaje que queramos emitir llega a cualquier parte en cuestión de segundos. Nunca anteriormente había sido tan posible y tan fácil influir. Nuestros actos, y por lo tanto nuestro pensamiento, que es de donde nacen, tienen, como nunca antes en la historia, una importancia y una trascendencia vitales.

Si alguien cree que eso no es posible o no vale la pena intentarlo no sólo se lo pierde él: nos lo perdemos todos.

 

Angel Lozano