Esta noche, pulpo con tomate. de ese pulpo envasado al vacío seleccionado de entre la variedad de productos gallegos que se pueden conseguir en el supermercado de turno. Pues en este turno, acerté. Dos tentáculos de cefalópodo con ventosas, pasado al hervor del agua burbujeante durante dos minutos, aderezado con sencillo tomate raf cortado en dados y salpimentado con maldon de cristales y pimiento verde y lubricado con chorro de aceite de oliva de aceituna picual. Simplemente, delicioso.

Ya sabéis mis aficiones, quedé pensativo mirando las burbujas que rodeaban las ventosas del trozo de pulpo sumergido en agua hirviendo. Éstas se elevaban rápido tras surgir de la nada en el fondo de la cacerola por el contacto con la base ardiente del fogón, acariciando la gelatinosa superficie del miembro amputado del octopusi capturado hace ya algunas semanas y encerrado hasta entonces en su ajustada camisa de plástico al vacío. Pensé en lo oprimidas que algunas de nuestras extremidades se sienten a menudo y que, con sólo unas burbujas surgidas de la nada, acarician y eclosionan olores, sentidos y sensaciones revividos y adormecidos en el día a día. Nada como observar la ebullición de una amputación para despertar del somnoliento transcurrir de los días.

Tras esto, fui a darme un baño caliente, deseando que mi bañera fuese tipo jacusi para burbujear dentro.