A veces los más grandes escritores son aquellos a quienes menos se recuerda. ¿Por qué? Porque inconscientemente no nos interesan, y los dejamos dormir el sueño de los justos. Hablan tan certeramente de nosotros mismos que preferimos mirar para otro lado que arriesgarnos a sentir el asco o la vergüenza de reconocernos en sus palabras.

Suele ocurrir con aquellos autores que saben diseccionar la mente humana tan abrumadoramente que no dejan títere con cabeza. Sucede, por ejemplo, con las novelas “serias” de Georges Simenon, el de Maigret –aunque estas se merezcan una reflexión aparte- y, desde luego, sucede con muchos autores del tiempo de Pedro Antonio de Alarcón, tanto españoles como extranjeros. Porque la novela decimonónica, una vez que abandona el limbo del romanticismo y aterriza con el realismo y el naturalismo en el alma cruda de los hombres, es el cine de la época, antes aún de que este se hubiese inventado.

Crónica veraz y despiadada, como el cine, de lo que acontece para pasmo de propios y extraños, El escándalo, novela de Pedro Antonio de Alarcón publicada por primera vez en Madrid en 1875 y que hoy leeríamos bajo la rúbrica “basada en un hecho real” -recrea unos hechos que conmovieron, y dividieron, a la opinión pública madrileña-, trata de lo que es capaz de llegar a urdir la mente humana, por lo que hizo honor a su título al provocar un auténtico escándalo que costó muchos quebraderos de cabeza a su autor. Y es que si no hay muchos seres humanos aficionados a decir la verdad, menos todavía los hay a escucharla.

Editada actualmente en un montón de colecciones de bolsillo que hacen que cueste menos que una caña y un bocata, hoy sería sin duda un bestseller, como lo fue en su época, pues su ritmo es trepidante y atrapa desde la primera página, de modo que cuando uno empieza a leerla no puede dejarla.

Pero no voy a decir nada de ella. Quien la lea sabrá por qué merece la pena. Después…, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

 

Angel Lozano