Las escobas debemos limpiarlas, al menos, una vez al mes. Para ello la sumergiremos en una mezcla de lavavajillas con una gotas de lejía o amoniaco.

Con las manos lavamos las cerdas, después aclaramos con abundante agua, la sacudimos y las colgamos para que se seque.

No se debe dejar apoyada en el suelo, porque se deforman las cerdas.

 

fotografia: serlingo.es