En Málaga podemos encontrar restos romanos como su teatro, pero también fue bizantina y visigoda.

En el siglo VIII su alcazaba ya disponía de defensas y el rey Badis ibn Maksan residió en ella.

Después perteneció a almorávides y almohades hasta llegar al nazarí Mohamed II. Es en esta época la de su mayor esplendor, siendo puerto de comercio importante con Turquía, Marruecos e Italia.

Durante la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, el alcalde retuvo a muchos habitantes como prisioneros dentro de la Alcazaba.

Los ataques de los piratas africanos eran habituales, teniendo que reforzarse las murallas hacia el 1500.

Durante el reinado de Carlos III, se derribaron las murallas, y se amplió la zona de residencia. Durante el siglo XIX fue abandona siendo ocupada por personas sin recursos.

La alcazaba sin murallas tenía una gran barbacana con accesos en forma de codo y recinto principal constaba de 20 torres cuadradas que rodeaban la torre del homenaje y palacio. Actualmente esta zona está restaurada y es museo, donde se pueden ver los patios de la Albahaca o la Alberca y salas ricamente adornadas con azulejos.

Antes de llegar al patio de armas donde se encontraban las viviendas de los soldados hay que atravesar 8 puertas. La torre del Homenaje se unía a la puerta de Granada por un túnel subterráneo

Durante el reinado de Yusul I se unió la Alcazaba al Gibralfaro mediante murallas, baluartes, fosos y puertas. El conjunto con el Gibralfaro y la muralla constaba de 12 puertas y 132 torres, obras de mejoras entre el siglo XI al XV. Tenía una zona pública y una privada con distintas puertas y recintos. Actualmente es una zona verde de recreo.

 

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